“Relato de Navidad”

Carlota, finalista de 4º ESO B

Una fría tarde de diciembre, tres hermanos jugaban alrededor de la acogedora chimenea cuando, de repente, sonó la puerta al abrirse y los tres salieron disparados hacia ella gritando: “¡Mamá, mamá! ¡Tenemos que colocar nuestros peregrinos en el Belén!”
Después de dejar todas sus cosas en el recibidor, la madre se sentó alrededor de los niños y les preguntó que por qué decían eso.

  • ¡Mamá, tenemos que colocar los peregrinos en el Belén! -repitió Juan sin dejar a su madre terminar…
  • ¡Sí! Tenemos que ponerlos junto a los pastores – exclamó Alejandra, la única chica entre los hermanos.
  • ¿Pero, me podéis explicar por qué los peregrinos se colocan en el Belén? – comentó la madre, riéndose, sin entender nada.
  • ¡Yo te lo cuento! – saltó Miguel, el más pequeño.
    “Hace muchos, muchos siglos, llegó un rumor a una pequeña aldea de Galicia llamada O ‘Cebreiro, aquí en España. Este rumor hablaba sobre el posible nacimiento del hijo de Dios, Jesús, en la ciudad de Belén. Mientras que la mayoría de los habitantes de la aldea no le hicieron caso, un pequeño grupo de amigos, sin saber muy bien por qué, sintieron la necesidad de emprender el camino. Tras mucho tiempo estudiando la larga ruta y aprovisionándose con suficientes alimentos, en el verano, comenzaron su viaje.
    A pesar de los largos y calurosos días de esta estación, durante los primeros meses, los cinco amigos no perdieron nunca su sonrisa y se sentían expectantes por ver a dónde les llevaría este duro camino. Sin embargo, poco a poco, la fe que los había acompañado durante las primeras etapas del recorrido iba despareciendo. Hasta que un día, los peregrinos decidieron hospedarse en la siguiente posada que encontraran y, a la mañana siguiente, regresar a su pequeña aldea, junto con sus seres queridos, ya que no encontraban ninguna razón para continuar.
    Entrada ya la noche, mientras que los amigos dormían, apareció en la habitación una brillante luz blanca que los despertó. Al principio todos se extrañaron, hasta que esta luz se presentó como un ángel, que les ánimo a tener esperanza y no abandonar esta enorme experiencia en la que tanto empeño y sacrificio habían puesto. Por lo que, a la mañana siguiente, se levantaron confusos sin saber muy bien lo que había sucedido durante la madrugada, aunque con suficientes fuerzas para emprender de nuevo el camino.
    Pasaron los meses y llegó el frío invierno, por fin los peregrinos habían llegado a las puertas de Jerusalén. Allí, conocieron a un grupo de pastores que les invitaron a pasar la cerrada noche en sus humildes casas. Durante la cena, los peregrinos les contaron a sus anfitriones la historia de su viaje, y cuando llegaron a la extraña aparición del ángel, los pastores reaccionaron de la siguiente manera:
  • ¿Pero qué tonterías decís? ¿Cómo que se os ha aparecido un ángel? – preguntó uno de los pastores, riéndose de los peregrinos.
  • Otros como tú Javier, que os imagináis cosas por las noches – respondió otro pastor, mofándose de su compañero.
  • Mirad, sé que no es muy creíble, pero aquella noche en la posada se nos apareció un ángel, que nos devolvió la fe y nos animó a continuar nuestro camino – dijo uno de los peregrinos.
  • Además, nos contó exactamente esto. Que nos encontraríamos con un grupo de pastores, al que él anteriormente se aparecería, pero que tristemente no le harían ningún caso. Y que nosotros éramos los encargados de devolverles esa esperanza y animarlos a que nos acompañaran a adorar al hijo de Dios, que en poco tiempo nacería. – añadió otro de ellos.
    Así los cinco amigos consiguieron que, al día siguiente, los pastores emprendieran el camino junto a ellos, llegando esa noche al establo donde Jesús había nacido.”
  • ¡Y fin! -exclamó Miguel.
  • ¿Ves mamá como los peregrinos son una parte importante? – dijo Alejandra
  • Entonces, ¿a qué esperáis para colocarlos junto con los pastores? – preguntó la madre, animando a los niños a completar el Belén.
    Y así, a partir de ese año, todas las Navidades los peregrinos formaron parte del Nacimiento, convirtiéndose en una pieza fundamental para todas las familias que conocieran esta historia.
Detalle. Adoración de los pastores. J.B. Maino (1612-1614)

“Milagro de Navidad”

Relato de Alicia, finalista de 4º ESO A

Las navidades pasadas, dos amigas y yo decidimos hacer el Camino de Santiago, pero nos pasó algo que nunca voy a olvidar.
Volvamos al 20 de diciembre de 2019. Ese día, completamos la segunda etapa de nuestra ruta y paramos en una posada.

– Chicas, creo que esa posada de enfrente es la que pone en la guía.

– Eso parece sí, pero ¿no tiene un nombre un poco extraño?

– “De Santiago a Belén”- dijo Ana, leyendo el nombre de la posada. – Sí es raro sí, pero bueno, las habitaciones son muy monas.
Reímos todas y entramos en la posada. El recepcionista salió de una puerta pequeña y nos atendió.

– Hola, teníamos una habitación reservada para tres, a nombre de Alicia…

– Lo siento, solo podrán dormir en un pequeño establo, porque no me quedan habitaciones.

– ¡¿Qué?!

– Que si me puede dar su DNI, por favor.

– ¡Ah! – dije desconcertada. – Sí, claro, tome.

– Gracias. Su habitación es la 75, está en la segunda planta, al final del pasillo de la izquierda. Tomen su llave.


Cuando llegamos a la habitación, comentábamos lo que nos habían dicho en la recepción, y llegamos a la conclusión de que ese hombre estaría delirando o algo así. Al día siguiente, nos volvimos a poner en camino hacia Santiago y, antes de comer, nos cruzamos con unos peregrinos.

– Perdonen, ¿han visto la estrella?

– No, la verdad es que no sabíamos que hubiese ninguna estrella especial esta noche.

– Vale, muchas gracias, es que no logramos verla. Gaspar no hace más que buscarla con los catalejos y Baltasar tampoco es capaz de verla con su telescopio.

– De nada. Espero que la encontréis.
Dos días más tarde, se acercaron a hablarnos unos chicos con unas pintas un poco extrañas. Supusimos que era porque vivían en el campo, en una granja. Tenían unas ovejas y dos perros que nos entretuvieron largo rato. Nos dijeron algo extraño sobre ir a ver a Jesús, y nosotras interpretamos que se referían a llegar a la catedral de Santiago.
La mañana siguiente, fuimos a desayunar a un bar que había en el pueblo. Había una pareja y la mujer, bastante joven, estaba muy embarazada.

– Llegamos mañana chicas, ¿tenéis ganas?

– ¡Un montón! ¡Lo estoy deseando!

– Nosotros también llegamos mañana, que mi marido es de Santiago y quiere que dé a luz en su tierra natal, ¿verdad, cariño?

Así es, quiero que el niño nazca en Santiago.

– ¿Cómo lo llamaréis?

– Se va a llamar Jesús.
Estuvimos un rato hablando con ellos hasta que se fueron.
El 24 de diciembre por la mañana, llegamos a Santiago. Nos hicimos muchas fotos y, después de comer, entramos en la catedral. Comenzamos a observar el Belén y parecía que las figuras miraban hacia la puerta. Entró por esa misma puerta la pareja del bar, con Jesús en brazos, y avanzaron hacia el altar por el pasillo central.
Unos instantes después, entraron por el pasillo lateral los granjeros con sus ovejas y sus perros. Llevaban en la mano dulces y parecía que iban a dárselos a Jesús. Un minuto más tarde, entraron por otro pasillo los peregrinos que nos preguntaron por la estrella. Cada uno de ellos llevaba en la mano un pequeño cofre cerrado. También ellos se dirigieron hacia el altar. Una vez estaban todos colocados en torno a Jesús, se iluminó el altar y se oscureció el resto de la catedral.
La madre del recién nacido nos miró y nos dijo:

– Hace más de 2000 años nació Jesús en Belén. Hoy nace en Santiago y en el corazón de todos los creyentes.
De pronto, todas las personas que había en el altar desaparecieron y se iluminó el resto del templo, como si nada de aquello hubiese pasado. No quedaron pruebas físicas de los hechos, pero a nosotras nunca se nos va a olvidar.

Adoración de los pastores. Caravaggio (1609)

“Ismael y David”

Relato de Navidad de Pablo, finalista 2º Bachillerato B

Ismael y David decidieron realizar un largo viaje para llegar al lugar sagrado llamado ‘Yial’. Querían peregrinar y mostrar a Dios su fe y su compromiso con Él. El viaje les llevaría años y recorrerían el camino para fortalecer su relación con Dios.
Ismael y David pensaban que otras personas les acompañarían en su camino. Si eran un grupo más numeroso de personas se protegerían entre ellos y así podrían luchar contra los bandidos que merodeaban por las calles. Pero finalmente solo ellos dos decidieron dejarlo todo y peregrinar al lugar sagrado.
Comenzaron a unos 100 kilómetros de Belén. Iban de camino cuando se encontraron a unos pastores vestidos con pieles de borrego. Estas pieles probablemente las utilizaban para arroparse en las frías noches. Los pastores se llamaban Joel y Zacarías. Se les veía sencillos, humildes y buenos. Eran pobres, muy pobres.
Joel y Zacarías al ver a los peregrinos se pararon en seco, se acercaron y comenzaron a hablar:
-Soy Joel y soy de Belén. El Mesías ha nacido. Se nos ha aparecido un ángel del Señor y nos ha dicho: ¡No temáis! Porque os anuncio una gran alegría, que será para todo el pueblo: Hoy os ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo, el Señor.
-Yo soy José y también vi al ángel. Fuimos a Belén corriendo y encontramos a María y a José y al niño acostado en un pesebre.
David el peregrino contestó:
-Soy David y soy peregrino, recorro los caminos para encontrar a Dios.
Zacarías le contestó:
-Ya lo hemos encontrado nosotros. Está en un pesebre, acaba de nacer y no hay más Dios que él. Venid y os lo enseñaremos.
En ese momento la tierra rugió, el sol se puso naranja y los peregrinos Ismael y David comenzaron a llorar de la emoción. ¡Dios había nacido y encontrarle era el camino que tenían que recorrer!
El peregrinaje que inicialmente pensaron duraría años se resumió a tres jornadas andando hasta llegar al pesebre y poder contemplar al HIJO DE DIOS.
En la vida, muchas veces nos parece que las metas son largas y difíciles y a veces nos cuesta ver a DIOS. El nacimiento de Jesús nos hace darnos cuenta de que con su ayuda todo es posible y además es lo único que nos da la felicidad verdadera.
¡Ojalá yo me crea de verdad el mensaje de los pastores de Belén!

Detalle. Adoración de los pastores. Murillo (1668)

“Diario de una peregrina”

Relato de Navidad, Candela, finalista de 2º Bachillerato A

Ganadora de la categoría de 4º ESO, 1º y 2º de Bachillerato

5 de diciembre de 2020
Cogí mi macuto rápidamente, mientras escuchaba desde la ventana de mi cuarto el pitar del claxon del coche de papá. Estaba alterado porque ya íbamos tarde otra vez. Procuré no olvidarme de nada, le di un beso como signo de perdón al sentarme en el asiento, y salimos de camino hacia el autobús que nos llevaría desde Madrid a Grandas de Salime.
Una vez hube dejado mi equipaje dentro del autobús, me dejé caer en el asiento y, con un profundo suspiro, traté de coger fuerzas para aguantar a mi mejor amigo, José, todo el trayecto. Al llegar, acomodé mis cosas en un rincón del polideportivo, junto a las de Paz y María, y me metí enseguida dentro del saco, pues estaba muerta de frío. No tardé demasiado en dormirme.


6 de diciembre de 2020
Recogí todo y me eché de nuevo el macuto a los hombros para salir de camino al siguiente pueblo. No sé si fue por ser el primer día, o si realmente el recorrido era el más difícil, pero no era capaz de sostenerme en pie y me faltaba el aire. Estaba en medio de una cuesta enorme de la que no podía ver el final, y sólo deseaba sentarme en el suelo a descansar. Afortunadamente, vino Francisco en su furgoneta a buscarme y llevarme a nuestro destino.
Estaba muy cansada tanto física como emocionalmente, no estaba siendo mi mejor año y no quedaba apenas energía. Sinceramente, había ido al Camino esperando alguna especie de milagro que me hiciera recobrar la esperanza.


7 de diciembre de 2020
Me levanté con poquísimas ganas de andar y se podía notar que estaba de peor humor. No me hacía ninguna gracia estar así, porque odio perder la alegría y verme débil. Sin embargo, al parecer, tras la noche anterior, Dios tenía un regalo preparado para mí.
Me había quedado caminando sola, bajo el tenue sol que sobresalía por detrás de las nubes, cuando escuché a un pastor hablar por teléfono sobre algo de una peregrinación a Belén y, me acerqué a él con curiosidad.

  • ¡Buenos días, señor!, ¿me podría dar un poco de agua? – dije para disimular.
  • ¡Por supuesto, joven, eso está hecho! – respondió el pastor, que entró en su casa para rellenar mi cantimplora de agua mineral.
    Después de eso, le di las gracias y comencé a contarle que estaba peregrinando hacia Santiago, pero que no estaba realmente feliz.
  • Yo hace unos minutos estaba hablando con los pastores de Belén – me interrumpió él. – Nos vamos a reunir allí este año para ver la estrella, que hace 800 años que no se ve, y así recordar el nacimiento del Niño de una manera más especial, tratando de salvar la Navidad.
  • La verdad es que tiene que ser una experiencia totalmente única, ¿existe algún modo de que yo pudiese ir? – dije, con la esperanza de que este fuese el milagro que tanto anhelaba para mi vida.
  • ¡Claro que sí! Aunque tendrías que quedarte ya en el pueblo esta noche, porque mi avión sale mañana.
    Sin pensarlo dos veces, decidí cambiar de peregrinación, hablé con mis padres y con Francisco y opté por quedarme en la casita de Ignacio, el pastor, para poder viajar a Belén con él y los demás.

  • 8 de diciembre de 2020
    Llegamos al aeropuerto de Jerusalén y allí nos encontramos con el resto de los pastores y peregrinos que venían de todas partes del mundo a presenciar el acontecimiento. Estaba muy expectante y nerviosa ante lo que pudiera pasar. Mientras tanto, conecté con un pastor, llamado Gamaniel, que provenía precisamente de Belén. Logró tranquilizarme, interesándose por mí y por mi historia.
  • ¿No te parece una coincidencia asombrosa que justo este año, en medio de la pandemia, se vaya a poder observar la estrella? – me preguntó, con ganas de reflexionar conmigo.
  • Lo cierto es que no creo que sea una coincidencia. Creo que es un recordatorio para toda la humanidad, para que no nos olvidemos de lo realmente importante de esta gran fiesta.
  • Pues tienes toda la razón, al final estamos viviendo un tiempo muy duro, en el que nos hemos dado cuenta de que ya no nos llenan los regalos, ni la comida, ni las cosas materiales. Estamos en una época en la que necesitamos ver, sentir y vivir cosas más reales, más plenas. Necesitamos recuperar la esperanza.
  • Eso es, ¿y qué mejor momento que el nacimiento de Cristo? – mientras decía esto, Gamaniel hizo un gesto de afirmación con la cabeza, para transmitirme que estaba de acuerdo conmigo, y esperó a que siguiente hablando. – Tenemos la oportunidad perfecta para mirar al cielo y ver su luz a través de la estrella, ver que verdaderamente Él está ahí para salvarnos a nosotros.
  • Tenemos la oportunidad de cultivar el deseo y alimentarlo, redescubriendo la grandeza de que Jesús quiera vivir en nuestro corazón, de que nazca precisamente para ello.
  • ¡Exacto!, de que nazca para eliminar la distancia entre los hombres y Dios, y así nos podamos relacionar con Él y podamos, del mismo modo, realizar en Él todas aquellas cosas que se escapan de nuestras manos.
    Nos avisaron de que nos teníamos que mover de allí para, el próximo día, ir caminando hasta la basílica que se había construido en el lugar del nacimiento.

  • 9 de diciembre de 2020
  • ¡Buenos días, Candela!, ¿quieres que vayamos juntos en el trayecto? Ayer tuvimos que dejar la conversación a medias. – me propuso Gamaniel.
  • ¡Buenos días, por mí perfecto!, ¿por dónde nos quedamos…?
  • No sé si has visto el nuevo hashtag de las redes sociales “#SalvemoslaNavidad”, por todo lo del coronavirus… Aunque, claro, se refiere simplemente a la Navidad en el plano económico, no a esta en su significado último. Pero se podría usar para buscar su auténtica salvación.
  • Ya ves… es una pena que cada vez se esté paganizando más. Ya únicamente se trata de una fiesta de invierno, el intermedio del Año Nuevo y la excusa para comprar y comprar regalos en abundancia.
  • La estrella viene para girar este argumento, para que recordemos que la celebración como tal no tiene que ser salvada, que lo que festejamos es que es Cristo quien viene a salvarnos. ¡Qué distinto! ¿eh?
  • Totalmente. Como decíamos ayer, creo que la estrella aparece para cambiarlo todo, para recordarnos lo que significa la Navidad: “Dios con nosotros”.
  • Me parece que Él ya nos ha hecho el regalo más preciado que vamos a recibir, viene para darnos la vida que habíamos perdido. Viene para que recobremos la alegría, la esperanza, la sonrisa. Viene para consolarnos de la tristeza en la que tantas veces nos sumergimos, para darnos la felicidad.
    Seguimos conversando y reflexionando hasta que, por la noche, llegamos a Belén. Más tarde, celebramos la eucaristía en la basílica y acampamos allí cerca, bajo la luz de su estrella. Efectivamente, fue el milagro que esperaba para recobrar las fuerzas.
    Me quedé un buen rato mirando al cielo y recordé que “todo lo puedo en Aquel que me conforta”, que Dios camina conmigo y no me deja sola nunca. Esas Navidad, a pesar de todo, iban a ser las mejores.
Adoración de los Magos. Murillo (1660)

“Encuentro de Navidad”

Relato de Belén, finalista de 1º Bachillerato B

Amaneció una linda mañana soleada en las laderas verdes de un pueblecito de Lugo, Sarria. Los pajarillos del campo cantaban alegremente, y las nubes parecían tímidas, tan alejadas unas de otras. Verdaderamente se respiraba paz, ¿qué más se podía pedir? Los pies de los peregrinos apenas se distinguían del sucio polvo del camino, pero el sacrificio merecía la pena… Hasta que, de pronto, unas figuritas vestidas de blanco, acompañadas de rebaño y cestas de mimbre, irrumpieron en el mismo sendero de arena.

  • ¡Chsss! ¡Quieto “parao’”! – exclamó uno de los recién llegados – ¿“Se pue’ saber qué hacen “ustehs” andando por estas tierras”?
    Sin lugar a dudas, este señor mellado y ceño fruncido era el cabecilla del grupo de las ovejas, y provenía de la “sierra profunda”, donde apenas llegaban las enseñanzas de la gramática castellana; pero esto no era el mayor de sus problemas, sino el tono “ligeramente” huraño que, junto con su boina, tan bien le caracterizaban. El hombre que encabezaba la marcha de los peregrinos, un tipo francés de ojos verdes y bigote estirado, pareció enojarse al escuchar aquello, pese al poquito castellano que hablaba.
  • “Monsieur” – trató de explicarse lo mejor que pudo – nos dirigimos al Norte de Galicia.
  • ¡“Tontás”! ¡Puras “tontás”!
  • Francisco Marcelo, ¡marido mío! – saltó una mujer gallega de caderas anchas y pechos descomunales, en medio de la conversación – ¡Pero no te dirijas así a estos peregrinos! ¡“Pobriños” de ellos que no te van a entender con lo paleto que eres!
  • ¡Ambrosia, cállate un rato haz el favor! Estos impresentables son “loj que luego” desaparecen con “to” mi rebaño sin decir ni “mu”! ¡Y no lo puo’ tolerar!
    El anciano cascarrabias apunto estaba de explotar, y enfatizaba su enfado clavando con fuerza su enorme vara de madera contra el frondoso césped.
  • “Oui” “oui”, – trató de mantener la compostura el peregrino jefe – pero no queremos molestar, sólo tenemos que cruzar estas “montanias”.
  • Francisco respira ¡respira! Que te va a dar un “patatús”. – se preocupó otra vez la mujer, mientras le colocaba la gorra, que poco le quedaba ya para salir volando.
  • ¡Estate quieta! – explotó definitivamente, y volviéndose a aquellos “descarados” continuó con su sermón – Que sí que sí, ¡pero “alego” pregunto y “naide” ha visto na’!
  • Pss, a “todo porco lle chega o seu San Martiño” ¿no? – se unió al debate la hermana de Ambrosia, Bartola, que de tonta no tenía un pelo.
  • No sé muy bien lo que quiere decir eso, ¡pero “oui j’adore cet” lugar!
    Acto seguido, una de las cabras de los pastores excretó sobre los zapatos franceses, y una gran lista de improperios empezaron a oírse en el valle.
  • Señor – expuso de pronto un joven con estudios del “bando” de los peregrinos, al ver que su compañero de habla francesa no comprendía muy bien la trama de la conversación – Le ruego que disculpe las molestias que hayamos podido ocasionar. Simplemente nos disponemos a cruzar estas colinas, sin ánimo de robar nada a nadie, claro está.
    El señor mayor dio un paso al frente, hacia donde estaba el chiquillo engominado, le miró a los ojos, y tras quitarse por un segundo su boina para espantar algunas de las moscas curiosas, añadió:
  • “Cucha” ¡Tú no tien’s pinta de haber cogido un arao’ en tu vida! ¿Qué me vas a contar tú?
  • ¡Exacto! ¡Amiguiños, sí, pero a vaquiña polo que vale! (* Sí, sí, seremos muy amigos, pero a mí me pagas lo que me corresponde…)
  • Escuchadme vos que afirmáis poseer estos senderos – apareció otro defensor de los peregrinos con aspecto similar al de un caballero de honor – ¡Estos valles no son de “vuesa merced”, ni de nadie! ¡Pero lucharé por esta causa, si por ende consiga llegar con mi amada al otro lado!
  • ¡Fuera de aquí panda de “marranillos mal cenaos”! – gritó el mellado una vez más, ganándose otra regañina de su mujer.
  • Oiga, pero usted ¿quién se ha creído que es? – apuntó el repeinado.
    Justo entonces una niña con trencitas y un pañuelo rojo, se paró delante del debate con su hermanito cogido de la mano.
  • ¡Tío Paco! – gritó con descaro y cierta inocencia a la vez – ¡Que el Antoñín está que no pue’ más, que necesita ir pal’ servicio ya de ya!
  • Psss ¿sabes qué te digo, “solete”? – preguntó subiéndose los pantalones de pana – ¡Que el Antoñín deposite lo que tenga que depositar en medio del camino, para que estos gandules no vuelvan a asomar el hocico por aquí!
  • ¡”Stupide”! – exclamó el del bigote, que había conseguido captar el hilo del diálogo.
  • ¡A la carga! – sentenció también el casi príncipe desenvainando su espada.
    En este momento un glorioso ángel del cielo bajó, en medio de esta “respetuosa y civilizada” discusión e irrumpió en el lugar.
  • Buenos días. – penetró en la escena de pronto con una potente voz, y el pantalón del pequeño Antoñín se mojó en el acto – He sido enviado por el mismo Dios…
  • Y, ¿este pimpollo? – soltó el cascarrabias de la boina – ¡Oye! ¿Pero es que no te enteras tú tampoco de que estás en “mitad del medio” de mis tierras?
  • Francisco, pero ¡déjale terminar! – volvió a hacer alusión al comportamiento de su marido – Malo será.
    El ángel resopló indignado, se frotó los ojos y cuando iba a continuar con su mensaje volvió a ser interrumpido:
  • Miren “ustehs”, “hace rasca”, y me voy a “almorzá” ¡Vámonos Ambrosia!
    Pero la señora le sujetó del chaleco de lana con decisión.
  • Pero ¡Atende! que estás nas berzas… (*Pero ¡Atiende! Que no te enteras…) – le dijo la otra mientras le pegaba una colleja.
  • Yo no sé por qué me ofrecí para esto… – se dijo para sí perdiendo la paciencia el enviado del firmamento.
  • Y vos, ¿también queréis el dominio de estos lugares? – apuntó con tono intimidatorio el caballero.
  • Je ne comprends pas les espagnols (Yo no comprendo a los españoles) – se escuchó también.
  • ¡Mami! – gritó la nena de las trenzas señalando al ángel – ¡Es un hada!
  • Niña, no es un hada – explicó el estudioso a la ignorante del rebaño – las hadas son seres fantásticos con figura de una mujer hermosa y poderes mágicos y esto de aquí… – filosofó en alto – He de reconocer que nunca antes había visto un espécimen semejante…
  • ¡Pero tie’ pelo largo!
    En ese momento el ángel desistió y subió por donde había venido. Pero en el acto, un compañero suyo, igual de glorioso y resplandeciente, pero de tez morena, se le acercó.
  • Venga “bro”, hazlo por Él. – le susurró señalando al cielo. – Sabes que nunca te dará la espalda.
  • Tienes razón tronco – musitó el otro arrepentido – Gracias.
    Tras chocarse los puños entre sí, el primer ángel volvió a embellecer el lugar con tanto poderío que, hasta el propio Tío Paco, quedó impactado pese a su mente basta.
  • He venido… Para daros una buena noticia.
    Todos quedaron sorprendidos.
  • ¡Oh lá lá!
  • As malas noticias chegan voando, e as boas chegan coxeando. (* las malas noticias llegan volando, y las buenas, cojeando) – murmuró Bartola entre risas.
  • Chsss – arremetió Ambrosia.
  • Dentro de poco nacerá el niño Jesús, ¡el Hijo de Dios! En un humilde pesebre.
  • Psss, como tie’ que ser… Na’ de hospitales ni chuminadas. – masculló por lo bajini el mellado.
  • …Envuelto en pañales. – prosiguió el ángel, que ya había recobrado todas las fuerzas tras descubrir el sentido de su misión – ¡Por ello, debéis seguir a la estrella, aquella que brilla con más pureza y desde lo más alto, ¡para adorar al Hijo de Dios, que ha venido al mundo para salvarnos!
    Fue entonces cuando el príncipe guardó su espada, el francés de bigotes erguidos prescindió de traductor, la nena comprendió que aquello era mucho más que un cuento de fantasía, Ambrosia no necesitó llamar la atención a nadie, ni su hermana rematar las palabras de su cuñado, el licenciado comprendió que hay hechos aparentemente incomprensibles para la razón, pero sí para el corazón, y el mítico Tío Paco conoció al verdadero Rey de “sus” tierras… Y el de todas las demás.
  • Y, ¿a qué estáis esperando?
Adoración de los pastores. De La Tour (1645)

“Los peregrinos se encuentran con los pastores de Belén”

Relato de Navidad. José, finalista de 1º Bachillerato A

Iban los alumnos del colegio San José de Cluny una mañana con dirección a Santiago vagando como almas en pena. Era el día cuya etapa era más larga y cansada de todo el Camino de Santiago y sólo deseaban terminar con ese infierno.
—¡Estoy harto! ¡No pienso dar un paso más! — Dijo un malhumorado niño.
—¡¿Por qué no se hará todo esto en coche?! — Añadió un segundo.
—¡Y que lo digas! Tengo una de ampollas… —Se quejó una tercera.
—Y esta mochila ¡es insoportable! —Puntualizó un último.
En esto estaban cuando les sorprendió una voz grave y cavernosa proveniente de otro peregrino del camino de cuya presencia nos habían percatado diciendo:
—¡Ay, ay, ay niños! ¡Qué fácil es regodearse en lo malo! ¡Apreciad lo bueno y apartad lo malo!
Uno de los niños, desconcertado, tomando la palabra dijo:
—Perdone señor, pero ¿qué se supone que hay de bueno en andar 10 horas al día sin descanso con este sol y este calor solo para llegar a una iglesia cualquiera? ¡Si no podemos dar un paso más!
—¡Niño, no seas necio! —Dijo el hombre ciertamente molesto por el poco acertado comentario— La pregunta es al contrario: ¿Qué hay de malo que puede opacar toda la felicidad que te rodea? ¿De veras vais a dejar que unas rozaduras y un poco de cansancio arruinen la hermosa experiencia que sin saberlo estáis viviendo? —Y añadió— Hijos míos, sabed que hay quienes sufren infinitamente más que vosotros, quienes jamás podrán permitirse siquiera realizar un viaje escolar, quienes tienen que recorrer todos los días larguísimas distancias a pie bajo un sol mucho más abrasador y en unas condiciones mucho peores sólo para poder beber un vaso de agua, quienes no han podido asistir a un colegio o quienes no tienen la grandísima suerte como vosotros de conocer a Dios. —Tras una pausa agregó— Recordad siempre lo afortunados que sois y que pequeños problemas o banalidades de la vida no os pueden derribar el ánimo… Estadle muy agradecidos a Dios, quien nació pequeño e indefenso en un cochambroso pesebre en una fría noche de invierno y padeció una muerte de cruz por todos y cada uno de nosotros ¿Acaso no es eso mucho más sufrido que unas heriditas? —Y tras esto apostilló— ¡Y qué quede claro que la Catedral de Santiago de Compostela no es una iglesia cualquiera!
Y acelerando la marcha, dejó a los pensativos niños atrás tras despedirse de ellos con una gran sonrisa.
En la aún atónita comitiva de peregrinos no había dado tiempo siquiera a formular una palabra desde la partida del hombre cuando una joven muy animada apareció junto al grupo.
—¡Buenos días juventud! —Saludó radiante.
—De buenos tienen poco —Respondió entre jadeos una niña olvidando lo que habían estado hablando hace apenas unos instantes— Llevamos desde las 6.00 caminando y ¡No podemos más! —Bufó.
—Sí, si al menos el camino fuera bonito… —Se indignó otra.
—Yo estoy cansado de ver todo el rato el mismo camino polvoriento con piedrecitas que se te meten en las botas —Protestó alguien. — ¡Es insoportable!
—¡Pero bueno! ¡Esto no puede ser! —Se escandalizó la joven— ¡Si caminar es precioso!
—Si tú lo dices… —Dijo un niño con tono un tanto arrogante.
Y haciendo caso omiso del irónico niño, continuó diciendo:
—Pero chicos, andar es como… ¡Como vivir! Veréis: La senda que seguimos, es la vida misma. No podemos cambiarla, ni decidir cuándo empieza, ni cuando acaba; sólo podemos determinar cómo vamos a recorrerla, si vamos a ir enfadados o contentos, rápidos e impacientes o lentos y vigilantes de no perderse ningún detalle, solos o en grupo… ante la vida y ante el camino, únicamente podemos cambiar nuestra actitud; el lugar al que queremos llegar, Santiago en este caso, es la meta o sentido individuales de nuestra vida; las diferentes flechas, conchas y señales que vemos a lo largo de nuestro viaje como peregrinos, también las podemos ver en nuestro viaje de la vida si préstamos un poco de atención… y os diré más: dichas señales, rara vez no son dadas por Él…—Comprobó que los niños estuvieran siguiendo por donde iba, declaró:— Desde su nacimiento en un mugriento pesebre, Jesús nos dio la pista de que el camino que debemos elegir en la vida es el del servicio y la humildad así como nos da millones de ellas cada día más o menos evidentes —Respiró profundamente y concluyó diciendo— Tened en cuenta que en muchas ocasiones, el camino puede ser feo, gris y pedregoso, pero no por ello uno debéis rendiros y dejar de andar, porque si no, os veréis tentados a dar media vuelta sin cumplir vuestro objetivo final y perdiéndoos toda la belleza que aguarda al final de nuestro viaje vital.
—Guau…—Fue lo único que alcanzaron a decir los niños.
—Chicos —retomó la palabra la vivaracha joven—, de todo se aprende; de la alegría y de la pena, del miedo y de la felicidad, de la tranquilidad y del cansancio, de los momentos malos, y del sufrimiento… de todo —Enfatizó— Y la vida no sería vida sin todo ello.
Y con la sonrisa con la que se había presentado, se despidió diciendo:
—¡Mucho ánimo! Y… ¡¡Ultreia!!
Y a partir de ese momento, el Camino se les hizo a los niños mucho más fácil y llevadero.

Detalle. Adoración de los Reyes Magos. Velázquez (1619)

“Un encuentro especial”

Relato de Navidad de Rodrigo, finalista de 3ºESO C

Érase una vez, en el lejano oriente, un grupo de peregrinos, los cuales eran unos aficionados a la astronomía, con una gran sabiduría sobre las estrellas y su posición, se toparon con una estrella que nunca habían visto antes. Esta estrella en particular, a parte del hecho que nunca la habían visto, relucía de forma extraña y especial de forma que les llamó la atención y con la idea de descubrir una estrella nueva, partieron en su busca. Para su mala suerte, se encontraron ante una noche con una tormenta horrible, que les dificultaba su avance. Pero entre la terrible tormenta, se toparon con unos pastores y empezaron a conversar.
-Peregrino (1): Buenas noches pastores, veo que vosotros también estáis atrapados en esta terrible tormenta.
-Pastor (1): Así es, esperamos llegar a nuestro destino con nuestras ovejas lo antes posible.
-Peregrino (2): ¿A dónde os dirigís?
-Pastor (3): Nos dirigimos a Belén, se nos ha aparecido un ángel que nos ha anunciado el nacimiento de Dios mismo, y llevamos ya horas caminando.
-Peregrino (1): Increíble, nosotros somos unos aficionados a la astronomía y ha aparecido una estrella en el cielo, diferente a las demás, de la cual desconocíamos su existencia.
-Pastor (3): eso mismo hacemos nosotros, no somos expertos, pero el ángel nos dijo que siguiéramos la estrella.
-Peregrino (1): más razón para continuar, descubriremos esa estrella y se nos aclamará para siempre.
-Peregrino (2): sí, seremos recordados como los descubridores de la estrella que señala a Dios.
-Pastor (1): pero ¿no os da intriga conocer al hijo de Dios?, o al menos ¿no os importa más que vuestro descubrimiento?
-Peregrino (1): el caso es que no somos creyentes, no creemos que la estrella señale a Dios de verdad.
-Pastor (3): pero ¿no os dais cuenta de que este no es ningún bebé?, es el hijo de Dios. Nos dijeron que nacerá en un portal rodeado de animales y en el frío.
-Peregrino (2): más razón aun para no creer, que clase de Dios nace entre animales y en el frío de la noche.
-Pastor (1): la clase de Dios que es humilde y que nos quiere a nosotros, su creación, sus hijos.
-Peregrino (1): puede que tengáis razón, pero me gustaría presenciarlo en persona.
-Pastor (2): de acuerdo, vayamos a ver el nacimiento de Dios.
Tras un largo camino, llegaron a Belén y allí, en un pobre pesebre, entre animales y bajo el cielo estrellado nació Jesús, el hijo de Dios. Tan solo con mirar las caras de los peregrinos se podía ver su asombro, alegría y paz. Segundos después se arrodillaron y alababan a Jesús, su nacimiento había cambiado el sentido de sus vidas. Desde ese momento hasta su muerte creyeron plenamente en Dios sin dudar de Él ni un segundo.

Detalle La adoración de los Magos. Rubens (1609)

“Relato de Navidad”

Lucía, finalista de 3ºESO B

¡Hola!
Me llamo Badra, que significa “luna llena” en árabe. Pertenezco a una familia humilde de comerciantes. Este año, mi padre decidió peregrinar a palestina en busca de la fe. 
Era mediodía; estábamos cansados, con ampollas en los pies, sin ganas de caminar y con mucha hambre. Cuando creía que no iba a poder andar más, encontramos en una ciudad llamada Jerusalén.  
Allí, preguntamos a la gente si conocían alguna posada donde poder pasar la noche y anduvimos un buen rato hasta encontrarla.  Al llegar, comimos algo y descansamos. Mis hermanos y yo decidimos salir a dar una vuelta por la zona, y nos encontramos a un buen grupo de pastores, que nos dijeron: 

  • ¿Os habéis perdido? -dijo una. 
  • No, solo estábamos dando una vuelta- dijo mi hermano mayor. 
  • No parecéis de aquí, ¿Qué hacéis en Jerusalén? -dijo otro.
  • Somos peregrinos. Hemos venido hacia Palestina a recorrer sus ciudades, ¿y vosotros? – dije yo.  
  • Nosotros somos de aquí, de Jerusalén. Somos pastores ¿Os habéis enterado de la noticia? – dijo la más pequeña.  
    -No, ¿de qué habláis? – pregunté.  
    -Va a nacer el Mesías, ¿no es increíble? – respondió otro.  
    Nos quedamos bastante impactados, porque no sabíamos de que hablaban. Nunca nos habían hablado de nada de un Mesías así que les preguntamos: 
  • ¿Qué es eso? Nunca nos habían hablado de un tal Mesías.  
  • Es el descendiente de David, nuestro Salvador, prometido por los profetas del pueblo -dijo una chica.
  • Vamos a partir mañana por la mañana a Belén para ver el nacimiento. ¿Queréis venir?  
  • Vamos a preguntárselo a nuestra madre, ahora volvemos.
    Mis hermanos y yo no nos lo pensamos dos veces y fuimos corriendo a la posada preguntárselo a nuestros padres. Subimos las escaleras. 
  • ¡Mamá! – gritó mi hermana pequeña 
  • ¡¿Qué pasa?! -gritó mi madre. 
    Le contamos toda la historia del Mesías Salvador y se quedaron más sorprendidos que nosotros. Nos dijeron que podíamos ir, ya que nos pillaba de camino. Fuimos a avisar a nuestros nuevos amigos los pastores.       
  • ¡Nos han dejadooooo! 
  • ¡Bien! Quedamos mañana aquí mismo a las seis y media. 
  • Vale, perfecto. ¡¡Hasta mañana!! 
    Cenamos y nos fuimos a dormir, ya que mañana iba a ser un día largo. 
    Nos despertamos pronto, desayunamos, cogimos la mochila y fuimos a donde habíamos quedado con los pastores. 
    Comenzamos a andar e íbamos charlando con nuestros amigos. Nos empezaron a contar como era la vida en Jerusalén; al parecer es muy calurosa en verano, a mamá le gustaría. También nos comentaron que no iban a la escuela porque no había dinero suficiente para toda la familia y que los enseñaba su madre a leer a escribir y poco más. Tras varias horas hablando, llegamos. Ya era casi de noche. Estaba todo lleno de gente corriendo de acá para allá; parecía que nos habíamos perdido el nacimiento…
    Me pareció muy triste pensar que la pobre madre había tenido que dar a luz en un humilde y pequeño portal. Nos acercamos lo más que pudimos entre la gente y pudimos observar a los padres, una mula, un buey y un niño tumbado en un pequeño pesebre. De repente aparecieron tres señores, muy mayores (o eso parecían) que lograron abrirse paso entre la gente y le entregaron a la familia, oro, incienso y mirra.
    Estaba más desconcertada que nunca, rodeada de gente extrañísima y todo el mundo parecía maravillado. Incluso yo…
    Volvimos felices a casa con la sensación de traer la misión cumplida: habíamos encontrado al Mesías y con Él, la fe que habíamos salido a buscar.
Sagrada Familia. Miguel Ángel (1506)

“El peregrino de camino al Portal”

Relato de Navidad de Paula, finalista 3º ESO A

Érase una vez un pastor y un peregrino, en un camino de su ciudad, Jericó.

– Hola disculpa, ¿de dónde vienes?

– Vengo de visitar el portal de Belén.
– ¿El portal de Belén? Alguna vez me han hablado de él, y nunca he podido visitarlo porque tenía que cuidar de mis hermanos, y ahora que han crecido, me gustaría visitarlo.

– Claro que sí, yo te puedo acompañar , y así visito al niño otra vez.

– Vale, muchas gracias. Bueno, cuéntame cómo es aquello.

– Es un portal muy pequeño, con un pesebre precioso. En él, se encuentran la Virgen, José y el Niño, rodeados de una mula y un buey, y…

– Un momento, ahora que se está haciendo de noche, estoy mirando al cielo y hay una estrella que nunca había visto.

– Ah sí, es la estrella que nos guía hacia el portal de Belén.

– Genial, pues sigámosla, y sigue, que te he interrumpido.

– Sí, no importa. Por dónde iba… ah ya me acuerdo. Aparte de estar la Virgen, José y los animales, el Niño, suele estar rodeado de muchos pastores, que van para alabarle.

– También he oído hablar de unos reyes… ¿son los reyes de Belén?

– No, claro que no. Tú te refieres a los Reyes Magos.

– Puede ser, pero ¿quiénes son ellos?

– Son tres, Melchor, Gaspar y Baltasar, y vienen desde Oriente para visitar al Niño. Cada uno de ellos le lleva una ofrenda. Melchor lleva mirra, Gaspar lleva incienso, y Baltasar lleva oro.

– Y sólo por curiosidad… ¿sabes cuál es el significado de cada uno de los objetos?

– Sí, claro. La mirra es una sustancia con perfume y de color rojo. La Iglesia asocia la mirra con las gotas de sangre que Jesús derramó al salvar la humanidad. El incienso se utiliza como símbolo de divinidad, y Baltasar le lleva oro para mostrarle al bebé su reconocimiento como su nuevo Rey.

– ¡Guau! Sí que sabes mucho del tema…

– Sí. Porque mi familia es una de las pocas que visita al Niño todos los años.

– ¿Cuánto tiempo llevas visitando al Niño?

– Prácticamente desde que nací. Los Reyes Magos ya me conocen, pero este año, cuando he ido no estaban, no sé qué les habrá pasado…

– Bueno, a lo mejor este año han ido un poco más tarde de lo habitual.

– Sí, puede ser… Ah mira, allí a lo lejos se ve Belén, ya estamos muy cerca.

Un tiempo después, tras haber caminado tanto, llegaron por fin a Belén.

– Ahora cómo sabremos a dónde ir…

– No te preocupes, la estrella está justo encima del portal.

– Vale, pues vamos a seguirla.

– Ya hemos llegado, ¿qué te parece?

– Pues precioso. ¡Hola Jesús, María y José!

– ¡Hola!

– Hola, Reyes, no estabais cuando vine hace unas horas…

– No, porque los camellos ya están un poco mayores y nos tuvimos que parar.

– Ah bueno, por lo menos estáis ahora aquí.

– Esto es muy bonito, y el Niño es precioso, pero ya es hora de que volvamos…

– Sí, estoy de acuerdo.

– Bueno, ha sido un placer conoceros a todos. Espero poder venir muchos años más.

– ¡Adiós!

– ¡Adiós!
Después de haber llegado a Jericó, antes de despedirse…

– Oye, en todo este tiempo que no hemos estado juntos, no nos hemos presentado. Yo soy Ernesto.

– Y yo soy Juan. Ahora sí, ¡Adiós! ¡Y feliz Nochebuena!

– ¡Adiós! ¡Igualmente!
Y así fue como estos dos chicos se hicieron amigos, y gracias a Ernesto, Juan pudo visitar el portal de Belén que tanto deseaba conocer.

Natividad. Pere de Benavarre (siglo XV)

“Inolvidable”

Relato de Navidad de María, finalista de 2ºESO C

¡Hola! Me llamo Nahim y tengo 12 años. Nací en el norte de Siria, pero como mis padres son comerciantes, he viajado junto con nuestra tribu (también todos comerciantes) en caravanas de numerosos camellos cargados con mercancías de distintas regiones. Somos politeístas, es decir, creemos en varios dioses, y este año, mi padre ha decidido peregrinar a La Meca para rendir culto a nuestros ídolos y a la Kaaba, la Piedra Negra, cuyo origen se remonta a Abraham. Nunca he ido a esta ciudad, pero dicen que es realmente grandiosa y que sus calles están siempre llenas de alegría, así que estoy súper emocionado. Es más, creo que soy el peregrino más feliz del mundo entero. Mañana partimos desde Damasco, la capital de mi país natal. Ya lo tenemos todo preparado: iremos hacia el sur, hasta llegar a Jerusalén. Desde ahí, bordearemos el mar Muerto y continuaremos por la costa del mar Rojo, hasta llegar a nuestro destino, La Meca. Mi padre, que es uno de los líderes de la tribu, ya tiene controlado donde dormiremos y comeremos, está todo muy calculado. Así que ahora, me toca descansar y reponer fuerzas, que mañana empiezo un camino muy largo. ¡Hasta luego! ¡Nos veremos próximamente!
¡Buenos días! Ya dije que nos volveríamos a hablar. Tengo muchas cosas que contaros. No os vais a creer lo que nos ha pasado a mí y a toda mi tribu. Os pongo en situación: tras unos días de peregrinaje tranquilos y divertidos, en los que descubrí ciudades maravillosas, llegamos a la icónica ciudad de Jerusalén. Estaba anocheciendo y mi padre se encontraba buscando el hostal donde íbamos a cenar y a pasar la noche, cuando mi madre propuso acampar en lo alto de un monte que se encontraba cerca de ahí. A toda la tribu nos pareció una magnífica idea, ¿a quién no le gustaría pasar una agradable noche junto a una reconfortante hoguera charlando y cantando? Así que allí nos instalamos. El aire era puro y fresco, y el calor del fuego y las voces de mi gente llegaban a donde yo me había tumbado. En la cómoda hierba un poco alejado del resto, contemplé el fascinante e inmenso cielo estrellado. Fue un momento único. De pronto, un ruido rompió mi calma sobresaltándome. Parecía un animal, quizá, una oveja. Su lastimero llanto llegaba a mis oídos un tanto distorsionado, pero, no se hallaba muy lejos. Me incorporé y fui a investigar de dónde procedía el agonizante sonido. Tras unos minutos de búsqueda, encontré al autor del sollozo, un corderito que estaba pidiendo ayuda, ya que se había enredado una de sus patas traseras en unas puntiagudas zarzas. Junto al animal, había una niña que tendría, más o menos mi edad. Su tez era morena y suave, sin ninguna imperfección y su largo pelo castaño y ondulado caía por su espalda como una gran catarata. Tenía unos ojos grandes y profundos en los que pude distinguir un brillo especial. La muchacha, estaba intentando sacar a la ovejita de la maliciosa planta sin mucho éxito, así que acudí a ayudarla. Después de unos segundos de forcejeo, conseguimos liberar al pobre animal que tenía la pata ensangrentada llena de rasguños. Con todo, no se encontraba grave, pero cojeaba ligeramente.
La bella joven se presentó, así que yo hice lo mismo. Se llamaba Inés, tenía 11 años y pertenecía a una familia de pastores. Me agradeció que la hubiera ayudado con la pequeña oveja y enseguida nos hicimos amigos. Me dijo que el claro donde se hallaba su familia no estaba lejos y que, si quería, podía quedarme a cenar con ellos. Tras correr a pedir permiso a mis padres me fui con ella a una explanada donde se hallaban los padres, hermanos, primos, tíos y abuelos de Inés. Ella les contó todo lo que había sucedido y cómo nos habíamos hecho amigos. Tras una ronda de presentaciones, empezamos a comer. Mientras estábamos cenando tranquilamente, una luz nos deslumbró y la figura de un hombre apareció en el cielo. Era un ángel. Sí, sí. Un ángel completamente real. Pensaba que no existían, pero estaba claro que no era así. Su deslumbrante rostro rebosaba alegría. Con voz profunda, clara y serena nos dijo:

¡No temáis, porque he aquí la Buena Nueva! Hoy en la ciudad de Belén. Os ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor. Y esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
Tras estas palabras el ángel se esfumó dejándonos a todos atónitos, pero felices por la gran noticia. En seguida, fui a avisar a mi tribu de lo ocurrido. Al principio, mi familia no me creía, decían que todo era fruto de mi imaginación. Pero cuando les conduje al lugar donde se encontraban mis nuevos amigos, y vieron los rostros de estos iluminados, comprendieron que el anuncio del ángel era verdad. Nos pusimos todos en camino hacia Belén, en busca del Redentor. Varias horas de caminata después, llegamos a nuestro destino: una pequeña cueva llena de paja y animales que olía a estiércol. En medio de tanta pobreza se hallaba el Hijo de Dios, Jesús. Sí, el Rey de reyes, envuelto en pañales, se hallaba en un mugriento lugar custodiado por una mula y un buey. Era solo un bebé indefenso, lleno sencillez, que estaba recostado en un pesebre de madera. Pero, al mirar a ese inocente niño, sentí algo inolvidable. No sabría explicar con exactitud qué fue eso. Lo único que puedo decir, es que experimenté una emoción muy fuerte que me hizo cambiar la forma de ver la vida. Sus padres, a su lado, le miraban con infinito amor y satisfacción. Estuvimos hablando con ellos largo y tendido. Eran dos personas con unos corazones enormes que habían obedecido a Dios en todo momento.
A los tres les ofrecimos lo único que teníamos: pan, queso, requesón, leche… No era gran cosa, pero era lo único que poseíamos.
Desgraciadamente llegó el momento de la despedida y nos fuimos a nuestros campamentos radiantes de júbilo. El verdadero Dios había tocado nuestros corazones.
Nos despedimos de la familia de Inés. Yo me puse especialmente triste. En muy poco tiempo nos habíamos hecho muy buenos amigos y la separación nos costó a ambos.
Así que eso fue lo que ocurrió anoche. Hoy nos volvemos a Siria. Ya no vamos a rendir culto a otros dioses, porque Jesús es el único Dios, el Salvador. No vamos a continuar con nuestra peregrinación a La Meca. Aún mejor, empezamos nuestra peregrinación a otros pueblos para predicar la Buena Noticia a todo el mundo y decir que el Señor se encuentra verdaderamente entre nosotros.

Adoración de los pastores. Giorgione (1505-1510)