Relato de Navidad

¡Hola! Me llamo Pepa y soy una oveja. Mi familia y yo tenemos un viaje muy importante en diez días. Vamos a ir a verle nacer, sí a Él. Nuestro pastor está muy ilusionado, dice que él ha venido a salvarnos. Vamos a tener que hacer un largo camino. Necesitaremos refuerzos de comida, agua, etc.

8 días después…
Ya casi ha llegado el día. ¡Hay que preparar todo! Todos estamos muy alterados, sobre todo Luis, nuestro pastor. Dice que tardaremos un día y medio para llegar, así que debemos darnos prisa. Saldremos a medio día e iremos por el desierto y dormiremos ahí. Luego pasaremos por las montañas y por el mar y ya, por fin estaremos ahí.

2 horas más tarde…
Es hora de comenzar el viaje, salimos de casa, andamos un buen rato y llegamos al desierto. El desierto era un lugar muy caluroso aunque por las noches las temperaturas disminuían. Estuvimos andando durante mucho tiempo y poco a poco fue anocheciendo. Cuando había anochecido, montamos nuestro campamento y dormimos ahí. El campamento era muy humilde, solo eran un par de palos que nos tapaban de la arena.

Al amanecer…
¡Bien! Ha amanecido, vamos a seguir con el viaje para llegar a las montañas que se ven a lo lejos. Después de horas andando, llegamos a la montaña. Era un lugar frío por su altura, pero no nos importaba, ya que si no las pasábamos no llegaríamos. Continuamos andando y ya quedaba muy poco para llegar, porque estábamos ya en el mar; el mar era un sitio muy tranquilo con muchas olas que nos refrescaban.

Unas horas después…
¡Ya casi hemos llegado! Solo tenemos que andar un poco más y llegaremos. Después de un rato, nuestro pastor gritó. ¡Ahí está! ¡Ahí está! Toda mi familia empezó a correr para llegar. ¡Estaba naciendo!
Cuando llegamos lo vimos, era como una luz maravillosa que sientes en verano con la brisa y la felicidad. Multitud de estos pastores llegaron y cantaron y le adoraron. Cuando Él me vio, me sonrió ¡Creo que le había gustado! Y se puso a jugar conmigo. Nunca lo olvidaré.

Íñigo, 2º de ESO C

Querido diario

Martes, 25 de marzo

Querido Diario, sé que soy ya mayorcita para escribir, y que la última vez que escribí fue hace años, pero lo de hoy me ha superado. Estaba en mi habitación, como un día normal, y se me ha presentado un ángel (aunque todavía no me ha quedado muy claro lo que es), y me ha dicho que me voy a quedar embarazada del Mesías y que le daré por nombre Jesús. Se lo he contado a José que, por si no lo sabes, es mi novio. No… miento, era, ¡me ha dejado! Ya que es imposible que siendo Virgen, (que lo soy) esté embarazada. Y yo que me pensaba que me iba a casar con él…

Mis padres no lo saben, no se lo voy a contar hasta que sea oficial ¿Y si es una imaginación mía? La de tortas que me llevaría… Por cierto, ¿te acuerdas de mi prima Isabel? No sé si te conté que es estéril…¡pues se ha quedado embarazada! Esto entre tú y yo, es un poco mayor, ¿no crees? Pero aún así, me alegro mucho por ella. Si sucede algo importante, volveré a escribir.

Sábado, 17 de abril

Querido diario, ¡me acaban de confirmar que estoy embarazada! Estoy confusa, ¡voy a ser madre! Y no sólo eso ¡del Mesías! Pero a la vez, ¿cómo se lo voy a decir a mis padres? Y José sigue sin hablarme…

Miércoles, 20 de octubre

Querido diario, ya estoy de 7 meses. Mis padres me han apoyado, pero les costó creerme ¡Y José ha vuelto conmigo! Se me ha olvidado contártelo, pero estaba tan emocionada por poder estar con él otra vez, que no podía perder un solo segundo a su lado. Al final, hemos decidido llamar al niño Jesús, para no desobedecer al ángel.

Domingo, 25 de diciembre

Querido diario, ¡ya soy Madre! Pero empecemos por el principio. Estábamos yendo hacia Belén, por un mandamiento del César, y nos acompañaba una mula. De repente, me empezaron a dar contracciones muy fuertes, por lo que José me dijo que me pusiera encima del animal. Cuando llegamos a nuestro destino, fuimos llamando posada por posada y nadie nos ayudaba (vergüenza tendría que darles), pero afortunadamente nos topamos con un establo.

Y ahí empezó todo, la mula y un buey nos dieron calor, y en un pesebre con paja, fue donde colocamos a Jesús, y vinieron a adorar al niño unos pastores, y trajeron ovejas y alimentos, (aunque me hubieran venido mejor unos pañales, pero oye, todo se agradece). Después vinieron tres sabios reyes, que decían llegar de Oriente, y le trajeron oro, incienso y mirra.

Hablemos de Jesús, es un niño precioso. En cuanto abrió esos ojazos azules, y echó su primera sonrisa, supe que era especial. No puedes entender el dolor que siento sabiendo que, aun siendo joven, se sacrificará y dará su vida por toda la humanidad, siendo crucificado; para que se puedan perdonar todos nuestros pecados, y que podamos algún día ver a Dios. Pero, a pesar de esta tristeza, estoy llena de alegría y de gracia.

Estoy ansiosa por sacar mis dotes de madre (que espero que estén por alguna parte). Bueno querido diario, ha sido un placer poder contar contigo estos últimos meses, espero poder volver a escribirte pronto.

Rocío, 2º de ESO B

El viaje

Todos sabemos quienes eran los reyes magos, pero de lo que no éramos conscientes es de que uno de estos tres magos, en este caso Baltasar, tenía un sobrino. Ese sobrino se llamaba Tadeo. Él era un chico normal, con una vida normal, amigos normales.., en fin. Un día, su tío Baltasar le dio una gran sorpresa. Baltasar había escuchado rumores de que el único y verdadero Dios, iba a nacer en un portal, en Belén. Este buen tío, como todos los tíos , quería mucho a su sobrino, y le invitó a viajar a Belén, pero no le dijo para qué, porque era una sorpresa.

Una mañana soleada y calurosa , Baltasar, con su sobrino y sus dos fieles amigos, Melchor y Gaspar, partieron hacia Belén, un viaje muy largo y peligroso, pero de eso no eran conscientes los tres magos, llevando al joven Tadeo con ellos. Estaba planeado que el viaje durase tres semanas. Los cuatro personajes llevaban provisiones para más de cuatro semanas, y su idea era utilizar tres camellos para realizar el viaje. En uno se sentaban Baltasar y Tadeo, y en las otras dos, Melchor y Gaspar.

Como he dicho antes, el viaje sería muy peligroso. El primer tramo del viaje se trataba de atravesar un inmenso e interminable desierto por el que caminaron una semana entera. No hubieran podido continuar el viaje si no hubiera sido porque una estrella, más brillante que las demás, indicaba el camino a los viajeros, Fue un trayecto muy largo y costoso, debido al intenso calor y al gélido frío nocturno. Después de atravesar el mortal desierto, los tres magos y sobre todo Tadeo estaban exhaustos, pero gracias al deseo de querer terminar el viaje y llegar al lugar, que Tadeo no sabía cuál era, consiguieron reponer fuerzas y seguir caminando.

La siguiente parte del camino, no fue ni tan peligrosa, ni tan agotadora como el desierto, pero sí que había que tener cuidado, debido a que estaban atravesando un largo desfiladero. Existían dos peligros, uno eran los salvajes animales que les podían estar acechando, o la posibilidad de perderse, porque no veían la luz de la estrella. Gracias a Baltasar, consiguieron escapar de aquel terrible desfiladero, gracias a la increíble habilidad de orientación de Baltasar, ya que había vivido durante mucho tiempo en parajes como este.

Después de haber estado caminando durante diecinueve días, vieron en el horizonte una gran ciudad, iluminada por la grandiosa y brillante estrella. Tardaron dos días en llegar a la ciudad, en este caso Belén, y se alojaron en una posada. Al día siguiente estuvieron buscando casa a casa una familia en la que la mujer fuera a dar a luz.

Esa misma noche, se dieron cuenta de que la estrella estaba iluminando el exterior de la ciudad, y al llegar, vieron un pequeño y humilde portal. Al acercarse, vieron a un hombre y a una mujer al lado de un niño recién nacido que irradiaba luz.

Tadeo, al verlo, vio en sus ojos una mirada profunda y limpia, una sonrisa muy bonita y una risa muy graciosa. De repente, un pensamiento apareció en su cabeza. ¡Alguien había revelado a Tadeo que al pequeño y humilde niño al que estaba observando era el mismísimo Dios encarnado! Miró a su tío Baltasar, y entendió todo. Le había traído hasta aquí para poder verle.

Nunca más en toda su vida volvería a olvidar esa noche…

Juan, 2º de ESO A

Cada año…

Mi época favorita del año es Navidad. ¿A quién no le gusta? También podría ser el verano, pero yo lo paso metida en una caja de cartón, envuelta en papel de burbujas.

Soy una pequeña pastorcilla del Belén de casa de Julián y Maru, que llevan felizmente casados casi 50 años, y a día de hoy tienen tres hijas y nueve nietos a los que quieren con locura. Cada año, Julián, un hombre de pelo blanco y barba gris, con ayuda de su nieto Miguel, de ojos azules y pelo rubio oscuro; prepara un Belén, colocándonos con cariño y cuidado; consigue un fantástico resultado.

Yo, simplemente, soy una pastorcita que lleva una cesta de huevos, así que me colocan al lado del corral de las gallinas, muy lejos del Misterio. El Misterio… ese lugar tan bello, donde se centra lo importante. Allí están los mejores pastores, los tres Reyes Magos, la Mula, el Buey, José, María, el Niño… ese bebé de sonrisa dulce, del que todo el mundo habla, ese al que Julián coge cada año antes de la cena de Navidad para que todos besen.

A ese lugar tan mágico y especial, cada año, sueño y albergo la esperanza, cada vez más pequeña, de llegar. Toda la Navidad la paso pensando en ese niño, al que solo veo de reojo cuando meten en su cuna, o al final de las fiestas, cuando le envuelven en papel de burbujas.

Cada año, Gabriela celebra la Navidad con su familia, y en casa de sus abuelos contempla admirada el magnifico Belén. Este año, cree que ya conoce cada rincón y cada figura, pero de pronto se fija en una pastora a la que no había visto antes.

−Abuelo, ¿es nueva esta figura? − me está señalando, y espero ansiosa la respuesta.
−¡Claro qué no! − contesta María − Con lo bonita que es, ¿nunca te habías fijado? − no me creo lo que esta diciendo ¡se ha fijado en mí! ¡cree que soy bonita!
−María tiene razón. La pongo en mi Belén desde que era un niño como vosotras, siempre fue la figura preferida de mi madre.
− ¡Y la mía! − salta María − Lo era ya de antes. No es por copiar ¡En serio! Yo no copio. − ¡llevo siendo la figura favorita de dos personas tanto tiempo y yo sin darme cuenta! Ya casi no me importa no estar en el Misterio, excepto por esa fuerza misteriosa que me atrae hacia ese niño.

Cada año, el herrero lo coloca Miguel en uno de los rincones con menos luz del Belén. Nadie se da cuenta, salvo el propio herrero, de que esta ahí. Cada noche le escucho llorar sobre su yunque y el corazón se me rompe, al no poder ir a consolarlo. Me encantaría ir con él, decirle que mi sueño tampoco llegará a cumplirse, que ambos soñamos con fantasías imposibles. Por si fuera poco, todas las figuras de su alrededor lo ningunean. ¡Lo qué le faltaba! Es verdad que su expresión es algo tosca, pero su mirada es dulce.

−¡Miguel! ¿Por qué pones ahí ese herrero? No se le va a ver.
−Ya, pero así estará cerca de la herrería.
−Bueno, un poco mas adelante también esta cerca de la herrería y además se le ve.− ¡Qué suerte! El sueño del herrero no era tan imposible como pensaba, ¿habrá alguna otra figura con sueños por aquí?

Escucho las voces agitadas de Juan y Rafael, que le suplican a Julián:
−Abuelo, por favor, ¡explícanos esa figura!!!
−Está bien, pero, ¡dejadme colocarla! − al lado mío hay una mula, de la que tira un hombre con bastón. Sobre ella hay una mujer de mirada apacible con un bebé en brazos, un bebé que es… ¡si es ese niño! No me creo que este aquí, a mi lado, al alcance de mi mano. Quiero cogerlo y llorar de felicidad  sobre él hasta quedarme sin lágrimas. ¡Es él! Mi corazón quiere estallar dentro de mí. ¡Está aquí! ¡Lo puedo tocar!
−¡Abuelo! ¡cuéntanos la historia!
−¡Sí! ¿Ya has colocado la figura?
−Bien. Sabéis que cuando los Reyes Magos visitaron a Herodes, este mandó matar a todos los niños pequeños, ¿verdad?
−¡Sí!
−Pues, un ángel advirtió a José para que Herodes no matase a Jesús, y en esta figura están huyendo a Egipto.

María, 1º de ESO C

Entra y vive la Navidad en el portal de Belén

Era el día 1 de diciembre, empezaba el Adviento. Faltaba poco tiempo para que llegase la Navidad.

Carla, junto a toda su familia, estaba poniendo el belén en su casa cuando, de repente, se le pasó por la cabeza una gran pregunta: “¿Por qué ponemos todos los años este belén en esta época del año?”. Al decir esto, una puerta reluciente se abrió ante ella. La niña se quedó impactada al ver aquello, y a la vez, estaba intrigada por saber qué habría al otro lado de la puerta. Decidió pasar y asomarse; ya allí, al otro lado, se quedó boquiabierta.

Había campesinos, caballos, mulas, burros… ¡cómo en las películas antiguas! En aquel instante, se trasladó por arte de magia a una casucha pequeña y desgastada, donde había una mujer. De pronto, un ángel llamado Gabriel se le apareció a la mujer y le dijo: “Tú, María, serás la madre de Jesús, el Hijo de Dios, y le cuidarás junto a tu marido José”. Aquellas palabras, nunca se le olvidarían a Carla. Después, María se lo contó a José y lo celebraron. Pasados los nueves meses de embarazo, María comenzó a tener contracciones. Allí, en Nazaret, no podían tener el bebé, por lo que cogieron un burro y una mula y se dirigieron a Belén. María cada vez tenía más contracciones y se encontraba peor. Después de muchas horas de camino en burro y en mula, encontraron a un hombre con una casa y un granero. El hombre tenía la casa ocupada, pero les dejó el granero. Allí, entre animales y paja, nació el niño Jesús.

Carla, al ver ese nacimiento tan emotivo, se quedó impactada. Comparaba cómo y en qué circunstancias nacían los bebés en aquella época, que nada tenían que ver con las condiciones de los hospitales de ahora.

De repente, la puerta iluminada que la había llevado hasta allí volvió a aparecer. Pasó y siguió poniendo el belén con mucha más alegría y conocimiento de la historia que en esas figuras se estaba representando. Carla, desde aquella Navidad, vivió con mucha alegría estas fiestas, también las siguientes, contándole a su familia lo que había visto y explicándoles la historia a sus primos y hermanos pequeños.

Sara, 1º de ESO B

Relato navideño: la nueva Alicia

Érase una vez una niña llamada Alicia. Era muy feliz: tenía muchas amigas, era la primera de la clase, y su familia estaba muy unida. Hasta que un día, sus padres comenzaron a pelearse. Discutían tanto que no podían ni verse. Tal era su disgusto, que empezó a portarse muy mal en clase, y a pegar a sus compañeros. Hasta el punto de que se quedó sin amigos.

Para colmo, un día llegó una niña llamada Belén, que tenía la vida que Alicia tanto añoraba: todo el mundo quería ser su amigo, debido a su bondad; era la más lista de clase y, aunque su familia era humilde, permanecía muy unida. Tanta envidia tenía Alicia, que todos los días la insultaba y la pegaba delante de todo el mundo. Belén, sin enfado alguno, le contestaba sin violencia y con respeto. Esto enfadaba aún más a Alicia.

Un día, estando en la Capilla del colegio, Alicia planeó una estrategia para burlarse de Belén. Cuando ya estaban todos sentados y era el momento en el cual Alicia ridiculizaría a Belén, pasó algo impresionante: todo se quedó paralizado. Una luz extravagante salió del Sagrario, una luz más brillante que el sol. Mucho más. Pero que, a diferencia de este, podías mirar sin quedar cegado; es más; aun siendo tan luminosa, no podías parar de mirarla. Una voz comenzó a decir su nombre, las figuras del Portal comenzaron a moverse… Alicia se desmayó.

Cuando despertó, ya no estaba en la Iglesia; ahora era una pastora de la Antigüedad, arrodillada frente un hombre, una mujer bellísima y un niño tan brillante como la luz que antes había percibido. Pronto comprendió que era la Sagrada Familia y que ella venía a adorar al niño.  Los tres le sonrieron a la vez, y en ese momento, se dio cuenta de lo mal que se había portado, especialmente con Belén. Se sintió muy arrepentida. Cerró los ojos y al abrirlos, volvía a estar en la misa. Era el momento de dar la paz y, sin pensárselo dos veces, fue a donde estaba Belén y le pidió perdón por todo lo que había hecho.

Su vida cambió gracias a ese acontecimiento. Volvió a portarse bien en clase, y pronto los profesores le felicitaron por su nuevo y excelente comportamiento. Tuvo amigas de nuevo, entre ellas Belén; y habló con sus padres sobre lo que sentía. Poco a poco, todo esto fue mejorando y, al cabo de un tiempo, volvieron a ser una familia unida.
Esa Navidad comprendió el verdadero significado de la Navidad: que Dios había nacido y muerto por ella, y que, por eso, debía tratar a los demás como quería que la tratasen: con amor.

Claudia, 1º de ESO A

Unas Navidades inolvidables

Esta historia es muy chula porque os la cuenta la hormiga Talula.

Pues mira, un día hace casi dos mil años, me dijo Dios mientras rezaba: “este invierno no hibernes, espera”, y le hice caso. Me costó bastante, porque soy una hormiga de la especie Messor Barbarus y empiezo a hibernar a finales de noviembre. Pero como por entonces tenía 11 años, la reina de mi hormiguero me obligó a acostarme a mediados de noviembre. Hacerme el dormido no fue tan fácil, vamos, que más de una vez la lie a causa del aburrimiento y casi despierto a mis hermanas, que ya estaban hibernando.

Durante un mes y medio, me dediqué a fumigar ácaros que se colaban en el hormiguero, por hacer algo útil para mi familia y, además, todos los días rezaba más de tres horas. Esta rutina monótona se rompió cuando Dios me dijo lo siguiente: “¡Sal del hormiguero!” y así hice.

Era de noche, pero había un tremendo resplandor en el cielo. Me encontré a millones de hormigas de infinidad de especies, que avanzaban todas en marabunta, aunque no hablaran el mismo idioma. Conseguí encontrar dos hormigas de mi especie y, desalentadas por la velocidad que llevaba la marabunta, me dijeron: “¡Qué haces que no llevas nada de ofrenda!”. La otra hormiga apostilló: “¡Ha nacido el Salvador!”. Y en ese momento me di cuenta de por qué Dios me había mandado no hibernar, y me entró una emoción tan grande que casi me desmayé. Entonces decidí compartir ese momento con toda mi colonia y regresé a casa. Desperté a todo el hormiguero, aunque no fue nada fácil, porque algunos dormían tan profundamente que no querían hacerme caso.

Les expliqué la situación, cogimos todo lo que había de valor en nuestro hormiguero para llevarlo como ofrenda. Seguimos el camino que nos señalaba el bello resplandor del cielo y llegamos al portal, donde pudimos acercarnos a nuestro Salvador recién nacido. La Virgen María nos sonrió con mucha alegría y aceptó nuestras ofrendas con gratitud.

San José nos dejó su bastón para que pudiéramos subirnos en él y contemplar la escena desde arriba y el Niño Jesús nos regaló la sonrisa más bonita del mundo, lo que hizo que aquella noche todas las hormigas fuéramos perfectas amigas, unas especies con las otras.

No lo olvidaré jamás, esa dulce sonrisa siempre iluminará mi vida.

Jaime, 6º de Primaria C

Entra y vive la Navidad en el Portal de Belén

Esta es la historia de un chiquillo de la ciudad española de Burgos:

Un buen 24 de diciembre de 1987, el joven Pedro Almonte se acostó emocionado en la víspera de Navidad, esperando una lluvia de regalos. Aunque no era precisamente un encanto, el pequeño Pedro se durmió pronto, pero no esperaba lo que ocurriría esa noche.

-¡¿Dónde estoy?!-dijo asustado- ¡Me quiero ir!

El niño se encontraba acurrucado en la esquina de una pequeña casa de piedra. En esta había unas mantas y una hoguera apagada, y el techo estaba combado.

-Pero no puedes, necesitamos tu ayuda.

Un ser apareció de la nada, a escasos metros del chico. Este parecía una divinidad con alas blancas como las nubes y un rostro infinitamente bello. Pedro no pudo contestar por la impresión del encuentro.

-Él te ha elegido por esto. No puedes irte, así lo quiere.

-¿Quién es Él?-preguntó con curiosidad Pedro- ¿Y quién eres tú?

-Yo soy Gabriel, el mensaje del Altísimo, y Él es el Señor Todopoderoso, el Creador del cielo y de la tierra. He venido a decirte que el Mesías está cerca y precisa de tu ayuda.

Diciendo esto, desapareció.

-¡¿Pero dónde está?! Además, no soy más que un niño y no entiendo de quién me hablas.

Lo último que el niño escuchó fue un “lo sabrás, y fíjate en ti mismo”. El chico se percató de que su cuerpo estaba cambiado, puesto que era el de un adulto varón, y decidió salir. Conversando con la gente, escuchó que era una época de hambruna y pobreza y que los habitantes no tenían ni fe ni esperanza. Para colmo de esta situación, el rey había mandado que todos debían ir a su ciudad de nacimiento e inscribirse. De pronto, sintió una atracción indescriptible hacia una mujer con un burro y su marido, que parecían buscar alojamiento. La mujer tenía una barriga prominente y el hombre estaba bastante preocupado.

Inmediatamente, les ofreció su casa, pero al descubrir que era una posada y que estaba repleta, decidió dejarles su gran pesebre, cuya existencia acababa de descubrir.

-Perdonen, veo que necesitan ayuda y yo puedo prestársela, si no les importa tener un poco de paja y mal olor- esas palabras salieron de su boca, pero él no quiso decirlas.-Si es así, síganme.

La pareja, indecisa, decidió seguirlo, no sin haberle agradecido su actitud, y se acomodaron en el establo. Inmediatamente, los animales se inclinaron ante ellos y, seguidamente, empezaron a armar un gran barullo. Entre rebuznos, siseos y saltos de alegría, Pedro fue hasta la casa y recogió toda la comida que encontró para dársela a la familia. Cuando llegó al establo, escuchó unos alaridos y divisó una claridad anormal a esas horas de la noche. El corazón se le subió a la garganta, y temiéndose lo peor, entró en la cuadra.

(Este es el punto de la historia que mucha gente va a cuestionar, pero lo que pasó fue lo siguiente)

Pedro se alegró de observar el panorama: la madre sostenía un recién nacido y todos los seres vivos allí presentes gozaban de una alegría inmensa.

En este preciso momento, todo se volvió negro, y Pedro se despertó, esta vez en su cuerpo y en su casa de siempre, y pensó que todo fue solo un sueño. Pero, de improviso, descubrió sobre su cama un broche que le dio la mujer, para compensarlo por el alojamiento, y en ese momento, se transformó en el chico dulce y amable que en realidad era.

Este, niños, es el suceso por el que decidí hacerme sacerdote y misionero. Ahora estoy aquí, en La India, pero nadie sabe adónde me llevará Dios (excepto Él).

Héctor, 6º de Primaria B

La magia de Jesús

Érase una vez, una niña llamada Lucía, que siempre estaba enfadada, porque su familia era muy humilde y no podían permitirse ningún capricho. A causa del enfado, ella siempre se portaba mal en el colegio: insultaba, hablaba durante las clases, pegaba…

Un día, durante la clase de Religión, ella se puso a cantar y a gritar. Sor Fátima, una religiosa de su colegio, le dijo: “No seas así, sé que dentro de ese cuerpo hay un corazón gigante, y todos te queremos por ese corazón, no porque seas la mejor o porque quieras llamar la atención”. Lucía estuvo toda la tarde y toda la noche pensando en lo que le había dicho Sor Fátima.

Llegó el día de Navidad, y ella nunca la celebraba. Decía que no valía la pena, pues no comían nada especial, el mismo caldo de todas las semanas; ni tenía regalos, solo ropa que necesitaba para el colegio. Se dedicaban a cantar, tocar las panderetas y hablar de Jesús. Antes de que empezara la cena de Navidad, ella seguía pensando en el comentario, y seguía y seguía. Al final  descubrió el significado de todo: le estaba diciendo que tenía que compartir ese corazón, esos momentos tan especiales con su familia.

Entonces, bajó rápidamente al salón, donde estaban todos cantando el villancico de “Noche de Paz”. Sus padres, sorprendidos de que bajara, le dieron un fuerte abrazo.

Compartiendo la cena más importante del año, Lucía halló el verdadero significado de la Navidad: es mejor ser una familia humilde y unida, que rica y separada; pues el propio Niño Jesús había nacido en un pesebre pobre y humilde, pero también había nacido en una familia que le quería como era y permanecía unida.

Eso era lo más importante de la Navidad, el amor de Jesús, no celebrar esos días tristemente o valorando las cosas superficiales.

¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

Marta, 6º de Primaria A

Entra y vive la Navidad en el Portal de Belén

Hola, somos la mula y el buey, y os vamos a contar lo que ocurrió la noche en que nació Jesús. Aquella noche, iba a nacer el Salvador. Al principio, era una noche normal, habíamos ido y venido de muchos sitios, todos estábamos fatigados. María estaba cansada y José también, así que nos fuimos a dormir en cuanto encontramos un lugar en el que poder refugiarnos.

Hacía frío y pronto todo se quedó en silencio. Al rato, algo nos interrumpió el sueño, miramos y… ¡qué alegría nos llevamos! ¡Estaba naciendo el nuevo Rey! Se llamaba Jesús, era guapo y muy pequeño. ¡Nunca habíamos visto un humano tan pequeño!

De repente, en medio de la noche, empezó a llegar gente que le traía regalos. Parecía que era por la tarde en vez de por la noche, por toda la gente que venía a visitarnos. Había muchos pastores, y cada uno le traía al Niño lo que tenía.

Vimos a tres hombres venir en camello: eran reyes de países lejanos, se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar. Traían cada uno un cofre con un regalo para Jesús. Melchor le dejó oro, Gaspar le dejó incienso y Baltasar le dejó mirra. Al cabo de la noche, todo el mundo se empezó a ir, y no os vamos a mentir, nos dio un poco de alegría porque, por fin, pudimos dormir tranquilos.

Gonzalo, 5º de Primaria C